Usted no está solo

Usted no está solo

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Hace tiempo conocí a una joven en mi visita pastoral a pacientes en un hospital que atendía cada jueves. Al entrar a su habitación, me dio una sensación de lástima al verla tan flaquita y su cara comunicaba la angustia y dolor que estaba pasando. Sin embargo, después de saludarla y presentarme, me miró y comenzó a llorar. En medio de sus lágrimas me dijo “estoy acuitada” (temerosa, asustada) ¿Por qué estás así? Le pregunté. (Creo que no fue una buena pregunta, era obvia la respuesta.)  Porque no sé qué va a pasar conmigo, me contestó. (siguió llorando) la interrumpí para preguntarle cuál era su problema. Al describirme su situación, tragué saliva para no llorar con ella. Le pregunté por su fe en Dios y me dijo que era católica, Antes de irme le pregunté si podía leerle un salmo y entusiasmada me respondió que sí.  Después de hacerlo y explicarle un poco su significado, le dije que quería hacer una oración por ella, sin responder cerró sus ojos y al finalizar me agradeció por la visita y me pidió le regalara la copia del nuevo testamento para ella leer cuando pudiera.

Una semana después la visité y su situación no cambió mucho. No vi oportuno entrar a su habitación, ya que estaba con la enfermera, al verla desde la puerta, estaba llorando a gritos por un dolor intenso que tenía en esos momentos. En vez de entrar, me quedé en su puerta haciendo oración por ella. La expresión de dolor en su cara, me duró varios días y sólo podía orar por ella.

Dos semanas después antes de entrar de nuevo al hospital, vi a alguien sentado en una silla de ruedas conversando con una enfermera, miré otra vez y era una mujer muy flaquita y con una venda en su pierna que fue cortada, me acerqué más y era la joven que le di el nuevo testamento, tomando el sol.  Después de verificar la lista de pacientes que iba a visitar esa tarde, decidí comenzar mis visitas con ella.  Me reconoció de inmediato y su rostro se veía más tranquila, sin embargo, su delgadez y pierna cortada me causó impresión. Tratando de disimular, le sonreí y le dije, ¡hoy se ve muy bien! Ella sonrió y dijo, sí estoy mucho mejor ahora que me han cortado la pierna, pues estaba con una infección y tenían que cortarla o me moría, así está mejor, aunque sin pierna, pero sin infección.  Quedé sin palabras ante su respuesta.

Noté en su mano que estaba leyendo un libro. Le pregunté qué libro estaba leyendo; al mostrarme la carátula leí “You’re not alone” (Usted no está sola). Me dijo, este libro habla de testimonios de muchas personas que han perdido sus miembros y decidieron no “echarse a morir” y seguir sus vidas como si nada hubiera pasado. Wow, respondí.  Me dijo, yo ahora estoy muy bien y voy a salir muy pronto de aquí para mi casa y seguir mi vida. Entendí que no soy la única en el mundo que ha perdido una pierna y tengo que salir adelante por mi hija y mi mamá, porque mi esposo me dejó hace poco.  Fue un momento muy emocionante para mí escuchar esto y me conmovió profundamente.

Esta señora me enseñó que no tengo ningún derecho de quejarme con Dios, como si fuera injusto lo que estoy pasando. Mucho menos creer que “merezco” un trato mejor de parte de Dios, por ser “mejor que otros”.

“You’re not alone” (Usted no está solo(a).  Isaías 43:2 “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.  Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Amen.

-Pastor Beto Alzate

Megan Armendariz
Megan es la administradora en Holy Cross. Ella es de la region cerca de Chicago y fue a la universidad en Wisconsin y en Sevilla, España. Es bilingüe y le encanta enseñar el íngles aquí en Holy Cross para N. Dallas Shared Ministries. Ella y su esposo Francisco siempre quieren viajar, probar comidas nuevas, y ser fanaticos de muchos equipos.