“Esperen la promesa del Padre, la cual ustedes oyeron de mí.” Hechos 1:4b

Personalmente no me gustan las despedidas, especialmente cuando se tratan de personas muy cercanas a mí, siempre queda ese vacío que no me agrada. Normalmente hacemos promesas de comunicarnos pronto, sin embargo, muchas veces no las cumplimos y quedamos más tristes que antes. Seguramente usted también conoce historias en las cuales padres han abandonado a sus hijos y esta situación ha traído mucha tristeza, temor, inseguridad, enojo, falsa culpabilidad etc. Y cuando las personas se sienten así, toman decisiones inapropiadas que hace que su estado sea peor.

Cuando Jesús les comunica a sus discípulos que no lo volverán a ver después de su muerte y resurrección, puede mirar sus rostros y corazones entristecidos y desesperanzados y luego les dice: No se angustien, confíen en Dios y confíen en mí; yo me voy, pero voy a pedirle a mi padre que envíe su Santo Espíritu para que esté con ustedes hasta el fin. Y así sucedió tal como Jesús lo prometió. Su Santo Espíritu está con nosotros para consolarnos, para fortalecernos, para mostrarnos el camino para llegar al Padre. Demos gracias por este don de Dios.

Dios todopoderoso, gracias por enviar tu Santo Espíritu a nuestro corazón a fin de que nos gobierne y dirija según tu voluntad. Amen

Pastor Beto Alzate